La magnitud de los sismos del pasado 24 de junio en Venezuela ha sido devastadora. Toda la sociedad enfrenta una profunda experiencia de dolor y de pérdida irremediable. Especialmente, quienes perdieron familiares directos sufren un impacto emocional incalculable. Sumado a esto, ver nuestro querido territorio destruido acrecienta el fuerte duelo colectivo. Evidentemente, esta inmensa catástrofe desencadena una tragedia humana y trauma sin precedentes históricos. No obstante, una gran parte de la sociedad ha reaccionado muy positivamente. Muchos han colaborado unificadamente para ayudar a todos los sobrevivientes afectados. Además, este dolor compartido inspira hermosas iniciativas mundiales de ayuda humanitaria urgente.
Por otra parte, esta empatía colectiva también se manifestó en muchos venezolanos en el extranjero. Por ejemplo, mi propia hija vivió lo ocurrido con muchísima angustia translocal. Ella sintió una aguda impotencia debido a la gran distancia física y a la hipervigilancia digital. Igualmente, la madre de un paciente en Chile sintió una fuerte culpa del sobreviviente. Ella sufre por tener el privilegio de vivir mientras sus conocidos fallecieron. Mientras tanto, rescatistas, médicos y voluntarios enfrentan un alto riesgo psicológico diario. Ciertamente, su exposición constante a cadáveres y sobrevivientes intensifica la tragedia humana y trauma.
Por ello, los profesionales de diversas disciplinas acompañamos activamente este difícil proceso de duelo. Utilizamos distintos protocolos, metodologías y técnicas clínicas especializadas para cada caso. Esencialmente, el acompañamiento terapéutico requiere comprender a fondo este acontecimiento tan devastador. Además, debemos analizar detalladamente las diversas formas de reaccionar de cada persona. También es vital conversar sobre cómo asimilar lo ocurrido para poder seguir viviendo dignamente. En consecuencia, ayudamos al paciente a convivir pacíficamente con el doloroso recuerdo de lo sucedido. Finalmente, observamos y apoyamos la forma en que cada persona transforma su propio dolor emocional.
El caso de Pedro
Las experiencias clínicas son diversas y sumamente conmovedoras tras la reciente catástrofe natural. Un claro ejemplo clínico es el caso de Pedro, uno de mis jóvenes pacientes de 14 años. Lamentablemente, él perdió a su papá biológico durante los fuertes sismos en La Guaira. En terapia, compartió que al principio no entendía qué pasaba realmente mientras temblaba. Luego, confesó haber sentido un profundo y paralizante miedo de morir aplastado. Aunque lamenta la muerte, Pedro sufre fuertemente por la ausencia paterna previa. Constantemente se preguntaba por qué los había abandonado. Ahora, lamenta no poder obtener jamás esa ansiada respuesta directa de su padre.
De esta manera, dos duelos distintos aquejan a Pedro de forma acumulativa y dolorosa. Primero, sufre la herida emocional por el abandono paterno que ya veníamos trabajando en terapia. Segundo, enfrenta la trágica muerte física de ese mismo padre ausente. Adicionalmente, esta tragedia humana y trauma se complica muchísimo por su entorno familiar inmediato. Pedro refiere no saber qué hacer al ver a su madre llorar desconsoladamente todos los días. Curiosamente, su mamá atraviesa un duelo muy complejo por este exesposo fallecido. Ella asegura haberlo amado siempre, a pesar del grave dolor no resuelto por sus pasadas infidelidades.
Como ocurre con la mayoría de los adolescentes, Pedro tiende a fluctuar emocionalmente sin previo aviso. Él oscila bruscamente entre la tristeza profunda y la rabia intensa por el doble abandono. Además, siente muchísimo miedo de que ocurra otro evento sísmico pronto en la zona. A su vez, experimenta una gran frustración hacia las reacciones depresivas de su propia madre. En consecuencia, utiliza la aparente indiferencia como un mecanismo de compensación vital. Así, intenta sobrevivir emocionalmente a esta inmensa y abrumadora tragedia humana y trauma. Afortunadamente, la terapia le brinda un espacio seguro para procesar toda esta enorme carga afectiva.

La musicoterapia para transformar la tragedia humana y trauma
En primera instancia, ha sido muy útil conversar abierta y claramente con Pedro. Hablamos en detalle sobre su hipervigilancia constante y su intenso miedo a los futuros temblores. También abordamos sus sentimientos encontrados por este doloroso y complejo doble abandono paterno. Además, analizamos minuciosamente sus bruscos cambios de ánimo y de conducta reciente en casa. Comprendimos juntos qué siente hacia la depresión materna y cómo esta situación le afecta directamente. De esta forma, evaluamos detenidamente cómo asimila y transforma su doble dolor emocional. Ciertamente, nombrar sus emociones ha sido un primer gran paso hacia la verdadera sanación interior.
En segunda instancia, aplicamos un enfoque clínico creativo para su tratamiento psicológico integral. Este abordaje profesional va mucho más allá de las fases estandarizadas del duelo tradicional. Comprendemos perfectamente que Pedro vive su dolor de manera muy fluctuante y para nada lineal. Por lo tanto, implementamos el poderoso método de musicoterapia receptiva con excelentes resultados terapéuticos. Específicamente, leemos y comentamos juntos letras de canciones que resuenan fuertemente con su propia pérdida. A través de este maravilloso recurso artístico, Pedro logra dar forma a la tragedia humana y trauma creativamente.
Hasta el momento, discutir estas canciones le ha permitido expresarse emocionalmente con gran libertad. Además, logra regular su alterado sistema nervioso y disminuir eficazmente su estado de hipervigilancia. En realidad, esta metodología facilita la expresión genuina cuando las palabras y la razón no alcanzan. Las canciones seleccionadas le ayudan a contener sanamente una experiencia de vida que lo desborda por completo. A pesar de su enorme dolor, Pedro disfruta muchísimo escuchar música y compartirla durante las sesiones. Por ahora, nos toca acompañarlo pacientemente. Observaremos de cerca su gran crecimiento postraumático mediante estos valiosos recursos y cambios creativos vitales.