El pensamiento originario define la salud como un hecho integral que conjuga dimensiones físicas, mentales, ambientales y espirituales de forma armónica. Para quienes crecimos con ancestros de estas tierras, la sanación representa un proceso de cooperación profunda entre el guía, su cultura y el paciente. Adicionalmente, el tratamiento se formula de manera personalizada utilizando elementos extraídos directamente de la naturaleza. Por lo tanto, esta visión trasciende la simple ausencia de enfermedad para enfocarse en el bienestar existencial completo.
Dentro de este sistema, figuras de autoridad legítima como el Doopooto del linaje Kariña poseen una capacidad perceptiva excepcional para dirigir ceremonias. Estas autoridades pueden controlar su cuerpo no físico para percibir realidades más amplias y realizar actos de sanación comunitaria. Además, utilizan hierbas y cantos específicos que responden a las vibraciones del sistema humano para restaurar el equilibrio perdido. En consecuencia, el pensamiento originario utiliza la música y el sonido como energías existenciales para elevar la percepción y evolucionar con sabiduría.
Con relación al entorno, la nación ancestral considera que las energías de la naturaleza influyen directamente en la salud de las personas. Lamentablemente, el modelo desarrollista actual ha ocasionado un trauma ecológico e histórico que deriva en enfermedades y conflictos sociales. Esta visión mercantilista ha destruido espacios sagrados de donde estas culturas obtenían tradicionalmente sus plantas de curación. Por este motivo, recuperar el pensamiento originario es vital para sanar el vínculo roto entre la humanidad y su entorno natural.

La naturaleza y el espíritu en el pensamiento originario
La nación ancestral en Abya Yala considera que la enfermedad es un mensaje y que el origen de la vida reside en la naturaleza vegetal. Según esta noción de complementariedad, si la Pacha Mama enferma, el ser humano inevitablemente padecerá las consecuencias. De igual manera, este saber reconoce al hombre como una parte integral de la naturaleza y no como su centro dominante. Por consiguiente, el pensamiento originario se contrapone a la visión antropomórfica occidental que suele ser parcial y mercantilista.
El énfasis en los aspectos espirituales y psíquicos cumple una función determinante en el mantenimiento de la salud integral. Estas culturas practican la contemplación de la naturaleza para comprender la existencia y tratar problemas complejos de orden «sobrenatural». Por ejemplo, experiencias como delirios o alucinaciones son abordadas desde una perspectiva que no siempre coincide con la ciencia occidental. Gracias a esta apertura, es posible redefinir ciertos fenómenos mentales sin etiquetarlos prematuramente como patologías.
En la consulta clínica, muchos pacientes refieren la experiencia de sentir la presencia de seres queridos fallecidos. Mientras que la visión convencional puede interpretar esto como una ilusión del duelo, el pensamiento originario valida esta conexión energética. Es fundamental conversar ampliamente en terapia sobre estos sucesos antes de imponer un diagnóstico clínico rígido. Por lo tanto, el reconocimiento de la dimensión espiritual resulta altamente saludable y reconfortante para quienes atraviesan un proceso de pérdida.
Desafíos del modelo actual frente al saber ancestral
La salud en la práctica de nuestros ancestros consiste en apreciar la variedad de relaciones sagradas que emanan de la existencia. El principio fundamental dicta que todo está relacionado con todo y que esta interconexión debe ser respetada profundamente. Sin embargo, el modelo desarrollista imperante ignora la espiritualidad secular y el respeto por la tierra en su búsqueda de poder. Como resultado, esta rigidez contribuye a generar angustia, soledad y la destrucción de la identidad cultural.
El modelo de salud dominante suele caracterizarse por una actitud de control asumida por «expertos» e instituciones de salud. Esta búsqueda de poder coarta el derecho de la persona asistida a participar activamente en su propio proceso de sanación. Además, se tiende a subestimar la capacidad del paciente para elaborar información y resolver situaciones relacionadas con su bienestar. No obstante, el pensamiento originario propone que ambas perspectivas podrían confluir si se respeta la individualidad y la procedencia del consultante.
Equiparar salud únicamente a la ausencia de enfermedad es descartar aspectos cualitativos esenciales como el desarrollo de la conciencia. Si bien la atención médica y los fármacos son reales y necesarios, no deben ser los únicos medios para combatir el malestar. En conclusión, integrar las dimensiones discutidas en el pensamiento originario permite una evolución más humana y completa. Solo a través de este equilibrio podremos alcanzar una integración verdadera de todas las dimensiones del ser.